La primera jornada del ciclo “Futuros y educación en Uruguay: bloqueos, investigación, imaginación” reunió aportes provenientes de diversas disciplinas. El encuentro puso en discusión las ideas de progreso, las desigualdades educativas, la crisis ambiental y las posibilidades de construir colectivamente otros horizontes. El ciclo continuará el lunes 27 de julio.

El pasado miércoles 15 de julio se realizó, en la Sala de Conferencias del Espacio Colabora, la primera instancia del ciclo “Futuros y educación en Uruguay: bloqueos, investigación, imaginación”. La actividad reunió a Cecilia Sánchez, Mauricio Lima, Lucía Devincenzi y Rodrigo Arocena en una conversación que buscó cruzar disciplinas, generaciones y lugares de enunciación para pensar las relaciones entre educación, presente y porvenir.

El ciclo es organizado por el Grupo de Estudio sobre los Futuros de la Educación, conformado por integrantes del Prorrectorado de Enseñanza, el Programa Integral Metropolitano y la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, que cuenta con financiamiento del Espacio Interdisciplinario. Su propuesta es generar ámbitos de discusión sobre los futuros posibles de la enseñanza media y superior, con especial atención a la desigualdad, el cambio climático, la democracia, las transformaciones tecnológicas y los cambios en el mundo del trabajo.

Desde la apertura se planteó una paradoja: aunque el futuro ocupa un lugar permanente en los discursos políticos, institucionales y académicos, las imágenes disponibles para pensarlo parecen cada vez más restringidas. Frente al predominio de escenarios distópicos o presentados como inevitables, la convocatoria propuso recuperar la imaginación como una práctica colectiva y organizada, capaz de producir alternativas y no únicamente de proyectar las tendencias ya existentes.

Cecilia Sánchez, profesora de Filosofía y docente del Programa Integral Metropolitano, organizó su intervención alrededor de los tres términos que componen el subtítulo de la actividad: bloqueos, investigación e imaginación. Su exposición puso el foco en el esfuerzo necesario para evitar que aquello que está dado se convierta en lo único considerado posible. Desde esa perspectiva, propuso pensar tanto el futuro como la educación como problemas abiertos y sentidos en disputa.

Sánchez señaló que las imágenes de futuro instaladas en el presente también delimitan los horizontes de lo pensable. Por eso, planteó la necesidad de prestar atención a posibilidades más débiles, tímidas o todavía poco visibles que ya existen en los espacios educativos. Su reflexión recuperó experiencias de trabajo con adolescentes para mostrar que la imposibilidad de proyectarse en horizontes lejanos no supone necesariamente una ausencia total de futuro: también puede expresar otras temporalidades desde las cuales comenzar a imaginar y construir.

El ecólogo Mauricio Lima, profesor de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile, abordó el problema desde la relación entre la capacidad humana de intervenir sobre el mundo y los límites biofísicos del planeta. Su trayectoria académica se ha concentrado en el estudio de la dinámica de poblaciones y de los sistemas socioecológicos.

Bajo la idea de un “viejo futuro perdido”, Lima cuestionó la promesa de un progreso material ilimitado y sostuvo que el actual modelo de crecimiento depende de procesos de transformación energética que producen, de manera inevitable, degradación y desechos. Su planteo no buscó negar la capacidad de acción de las sociedades, sino reformularla: aunque no sea posible controlar por completo la dirección de los cambios ambientales y energéticos, sí es posible discutir cómo transitarlos y cómo distribuir sus consecuencias.

Desde esa perspectiva, propuso imaginar modos de vida menos expansivos y más locales, solidarios, democráticos y equitativos. El futuro, sostuvo, exigirá compartir la capacidad de decisión con las condiciones climáticas, los acuíferos, las especies y los ecosistemas que sostienen la vida, además de democratizar el control sobre la producción, transformación y distribución de la energía.

Lucía Devincenzi participó en representación de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay. Es estudiante de Comunicación y consejera del Consejo Directivo Central por el orden estudiantil. Su intervención trasladó la discusión sobre los futuros a las condiciones concretas en las que se desarrolla actualmente la experiencia universitaria: las restricciones presupuestales, la numerosidad de los cursos, las dificultades para sostener las trayectorias, la necesidad de trabajar y cuidar, y las barreras existentes para participar del cogobierno.

Devincenzi cuestionó la naturalización del abandono estudiantil y la idea de que las dificultades, la frustración o el sufrimiento constituyan pruebas necesarias para transitar la Universidad. Señaló que no alcanza con afirmar que la educación superior es para todas las personas si quienes ingresan no encuentran condiciones materiales, pedagógicas e institucionales que les permitan permanecer.

En ese marco, reivindicó la organización estudiantil y el cogobierno como espacios educativos en sí mismos: ámbitos desde los cuales es posible pensar más allá de las preocupaciones individuales y construir propuestas para las generaciones futuras. También destacó la investigación orientada a los problemas nacionales y la necesidad de defender “la educación como un bien público y un derecho y no como una inversión individual”.

El cierre de las exposiciones estuvo a cargo de Rodrigo Arocena, exrector de la Universidad de la República y doctor en Matemática y Estudios del Desarrollo. Arocena identificó tres grandes problemas interrelacionados: la degradación ambiental y climática, el aumento de las desigualdades sociales y el avance de los autoritarismos. Frente a ellos, sostuvo que la educación debe contribuir a construir un país en el que todas las personas puedan continuar aprendiendo durante toda su vida, en conexión con el trabajo digno, la ciudadanía, la cultura y el cuidado de la vida cotidiana.

Su intervención propuso ampliar los lugares y tiempos de la educación, combinando formación formal y no formal, enseñanza dentro y fuera de las aulas y aprendizaje vinculado con los espacios laborales y comunitarios. También planteó la necesidad de flexibilizar las vías de acceso a la educación superior para personas que no hayan completado la enseñanza media y de superar la separación histórica entre formación intelectual y formación para el trabajo.

Arocena defendió además la creación de una Universidad Nacional de la Educación, autónoma y cogobernada, capaz de desarrollar enseñanza, investigación y extensión en torno a la formación de personas de distintas edades, sectores sociales y espacios laborales. En el cierre sintetizó su horizonte: “Imagino al Uruguay de mañana como un país de aprendizaje solidario”.

Luego de las exposiciones se abrió un intercambio con el público. Las intervenciones retomaron la dificultad de pasar del diagnóstico a la acción, la necesidad de producir pausas frente a las dinámicas de aceleración contemporáneas y el papel de los espacios colectivos para sostener el deseo y la capacidad de imaginar. El diálogo dejó planteada una pregunta que atravesó toda la jornada: cómo convertir las instituciones educativas en ámbitos que no solo analicen los problemas del presente, sino que también habiliten la experimentación y la construcción de otras posibilidades.

La segunda instancia del ciclo se realizará el lunes 27 de julio, de 18 a 20 horas, nuevamente en la Sala de Conferencias del Espacio Colabora. Participarán Carolina Cabrera Di Piramo, profesora adjunta de la Unidad Académica del Prorrectorado de Enseñanza; Antonio Romano, profesor agregado del Departamento de Historia y Filosofía de la Educación de la FHCE; el politólogo Gabriel Delacoste; y Silvia Grinberg, directora del Laboratorio de Investigación en Ciencias Humanas de la Escuela de Humanidades de la Universidad Nacional de San Martín y el CONICET.-