La actividad, realizada el 17 de junio en el Edificio Clotilde del Campus Luisi Janicki, reunió aportes de los órdenes, servicios universitarios y equipos del Prorrectorado para pensar políticas, experiencias y desafíos vinculados al primer año en la Universidad.

El Prorrectorado de Enseñanza de la Universidad de la República realizó, el martes 17 de junio, la segunda instancia del ciclo de jornadas “Debates sobre la enseñanza universitaria”. Bajo el título “Políticas y experiencias de fortalecimiento y renovación en los inicios de la formación universitaria”, la actividad convocó a la comunidad universitaria y terciaria pública a reflexionar sobre las posibles configuraciones para el primer año, contemplando aspectos pedagógicos, curriculares e institucionales, así como la mirada de los sujetos involucrados.

La jornada dio continuidad al encuentro realizado el 3 de junio y retomó algunos de sus principales ejes de discusión: la necesidad de revisar críticamente las prácticas institucionales, el fenómeno de la numerosidad, la tensión entre democratización y excelencia, y el pasaje de experiencias acotadas o piloto hacia políticas universitarias sostenidas. Más que presentar respuestas cerradas, la actividad permitió poner en común diagnósticos, experiencias y tensiones que atraviesan a distintos servicios de la Universidad, con un foco específico en el tramo inicial de las trayectorias formativas.

En la apertura, el prorrector de Enseñanza, Pablo Martinis, recuperó el tono autocrítico de la primera jornada y señaló que, aunque la Universidad ha avanzado en expansión territorial, crecimiento de la matrícula e inclusión de sectores históricamente postergados, la discusión debe sostener la convicción de que “debemos y podemos hacerlo mucho mejor”. En ese marco, planteó que la excelencia no puede pensarse como un atributo reservado a pocos, sino como un horizonte articulado con la democratización de la educación superior.

Martinis también vinculó el debate con la reciente presentación del Plan Nacional de Promoción de la Democratización de la Educación Superior, elaborado conjuntamente por ANEP, UTEC y Udelar. Desde esa perspectiva, propuso pensar los inicios de la formación no como un problema exclusivamente técnico o pedagógico, sino como parte de una discusión política más amplia: cómo transformar instituciones que históricamente fueron organizadas bajo lógicas de selección social para que puedan garantizar, efectivamente, el derecho a la educación superior.

La mesa de apertura contó con intervenciones de Lucía Devincenzi, por el orden estudiantil, y Cecilia Stari, por el orden docente. Devincenzi colocó en el centro de su intervención una pregunta clave para las políticas de enseñanza: quiénes son, efectivamente, las y los estudiantes de la Udelar. Desde esa mirada, subrayó que el estudiantado no puede pensarse como una figura abstracta ni homogénea, sino como un colectivo atravesado por el trabajo, los cuidados, la militancia, el cogobierno, la investigación, la extensión, la privación de libertad y distintas condiciones materiales de vida. Su intervención desplazó el debate desde la idea de un “estudiante ideal” hacia la necesidad de diseñar políticas para estudiantes reales, con trayectorias diversas.

En ese sentido, Devincenzi señaló la importancia de fortalecer becas, apoyos pedagógicos, dispositivos de acompañamiento, políticas de cuidado y propuestas de accesibilidad. También cuestionó ciertas prácticas institucionales que naturalizan el primer año como instancia de filtro y advirtió sobre la necesidad de no “romantizar el sufrimiento” como parte de la experiencia universitaria. Su planteo permitió ubicar la permanencia no solo como un indicador de gestión, sino como una condición concreta para la democratización.

Por su parte, Stari abordó los desafíos que esa democratización plantea para la tarea docente. Su intervención permitió mirar el mismo problema desde el otro lado del vínculo educativo: no alcanza con ampliar el acceso si no se generan condiciones adecuadas para enseñar, acompañar y sostener trayectorias en contextos de numerosidad y alta heterogeneidad. En particular, enfatizó la necesidad de analizar la relación docente-estudiante, fortalecer la formación didáctico-pedagógica de los equipos docentes y reconocer institucionalmente la enseñanza dentro de la carrera académica.

Stari puso especial atención en los primeros años como espacio donde se concentran muchas de las tensiones de la enseñanza universitaria: docentes que se inician en la carrera académica, grupos numerosos, estudiantes con trayectorias previas muy distintas y condiciones laborales que no siempre permiten sostener propuestas de acompañamiento más cercanas. Desde esa perspectiva, planteó que garantizar mejores condiciones para el tránsito estudiantil exige, al mismo tiempo, fortalecer las condiciones en que se desarrolla el trabajo docente.

MESA APERTURA

La primera mesa académica, moderada por Virginia Fachinetti, reunió experiencias de distintos servicios universitarios. Lejos de ofrecer un panorama uniforme, las exposiciones mostraron que el primer año adopta formas muy diversas según el servicio, el territorio, la estructura curricular, la disponibilidad docente, los espacios físicos y los perfiles estudiantiles. A la vez, dejaron planteado un punto común: los inicios de la formación son un tramo estratégico, en el que se definen buena parte de las posibilidades de afiliación institucional, permanencia y continuidad educativa.

Lorena Rodríguez presentó la realidad del Centro Universitario Regional Este y permitió observar cómo los desafíos del primer año adquieren características específicas en la organización territorial de la Universidad. Su intervención destacó la riqueza interdisciplinaria del CURE, donde conviven carreras, sedes, trayectorias y perfiles estudiantiles muy distintos, pero también mostró la complejidad de gestionar propuestas formativas con múltiples servicios de referencia, desigual desarrollo entre sedes y recursos humanos tensionados. En ese marco, la experiencia del CURE evidenció que la descentralización no supone solamente ampliar presencia territorial, sino construir formas de coordinación académica, administrativa y pedagógica capaces de sostener esa expansión.

Jorge Gambini, de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, centró su exposición en las discusiones sobre un posible primer año común entre carreras del servicio. Su presentación permitió ver cómo las transformaciones curriculares no se juegan únicamente en los contenidos, sino también en la relación entre espacio, tiempo, carga docente y vida universitaria. A partir de datos sobre ingresos, egresos, cargas horarias docentes, disponibilidad de salones y desvinculación, planteó las tensiones que supone pensar un tramo inicial compartido en un servicio atravesado por la masividad y por fuertes asimetrías entre carreras. También destacó la importancia de considerar trayectorias de egreso más diversas, que no reduzcan la formación a una duración idealizada.

Laura Betancor expuso sobre el primer año en la Facultad de Medicina y colocó el foco en el valor del diagnóstico temprano. A partir de información sobre los ciclos introductorios, las tasas de aprobación y los recorridos de estudiantes de distintas generaciones, mostró que el primer año constituye un umbral decisivo para la continuidad en la carrera. Su intervención permitió advertir que las dificultades de aprobación no pueden analizarse únicamente como problemas individuales de rendimiento, sino como señales sobre la organización de la enseñanza, los apoyos disponibles, la heterogeneidad de los ingresos y los modos en que la institución identifica, o no, las dificultades a tiempo.

Betancor también presentó estrategias desarrolladas por la Facultad de Medicina, como pruebas diagnósticas, flexibilización curricular, ajustes en contenidos, metodologías activas, recursos didácticos, actividades virtuales, evaluación formativa y tutorías entre pares. Sin embargo, subrayó que muchas de estas acciones aún no se traducen en mejoras significativas de los rendimientos, lo que refuerza la necesidad de seguir revisando las formas de acompañamiento, especialmente para quienes más lo necesitan y muchas veces no identifican sus propias dificultades hasta etapas avanzadas del proceso.

Inés Urrestarazu, de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, presentó acciones orientadas a las generaciones de ingreso en un servicio marcado por la masividad y la alta desvinculación. Su intervención permitió dimensionar la escala del desafío: comunicarse con miles de estudiantes, organizar horarios, definir modalidades de cursada, implementar pruebas diagnósticas, sostener plataformas virtuales, desarrollar tutorías y producir alertas tempranas. En uno de los pasajes más ilustrativos de la jornada, señaló que, si se traduce la relación docente-estudiante a tiempo disponible, cada docente podría dedicarle a cada estudiante apenas “4 minutos a la semana” .

Esa imagen sintetizó una de las tensiones centrales de la jornada: la voluntad institucional de acompañar mejor las trayectorias se enfrenta, muchas veces, a condiciones materiales que limitan la cercanía pedagógica. En el caso de FCEA, Urrestarazu destacó el desarrollo de sitios de orientación para ingresantes, cursos introductorios, bloques horarios, pruebas diagnósticas de matemática y lectura, dispositivos de tutorías, indicadores de vulnerabilidad y estrategias de formación docente. Su presentación puso en valor el esfuerzo institucional por convertir la información disponible en herramientas concretas de orientación y acompañamiento.

Mesa académica

Durante el corte, se desarrolló una sesión de pósteres de proyectos concursables de Innovaciones Educativas y APACAD correspondientes al período 2019-2024. Posterior a esto, Vanesa Sanguinetti realizó una síntesis pedagógica de las experiencias presentadas, entre ellas proyectos de la Facultad de Odontología, Facultad de Psicología, Facultad de Ciencias Sociales e Instituto Superior de Educación Física. Su intervención propuso leer esas iniciativas no como experiencias aisladas, sino como insumos para construir una reflexión universitaria más amplia sobre la enseñanza en el primer año.

A partir de los pósteres, Sanguinetti planteó la necesidad de pensar no en una única didáctica universitaria, sino en didácticas situadas por tramos de formación. En particular, señaló que las experiencias presentadas aportan elementos para ir construyendo una didáctica de primer año propia de la Universidad de la República. Desde esa mirada, destacó la importancia de los dispositivos de acompañamiento, las tutorías, el aprendizaje colaborativo, la presencia docente y la construcción de vínculos en los momentos iniciales de la trayectoria universitaria.

La segunda mesa académica estuvo dedicada a las reflexiones sobre los sujetos educativos y las políticas de apoyo académico y pedagógico. Eugenia Bové presentó la experiencia “Llego y te cuento”, concurso de escritura creativa impulsado desde Progresa, que recoge textos de estudiantes sobre el ingreso a la Universidad. Su presentación introdujo una dimensión distinta del debate: no solo cómo diagnosticar o acompañar trayectorias, sino cómo escuchar las formas en que las y los estudiantes narran su llegada a la institución.

Bové destacó que la propuesta busca promover la escritura como herramienta de reflexión, imaginación y resignificación de las trayectorias. A través de fragmentos de textos estudiantiles, la presentación permitió poner en escena entusiasmos, miedos, desarraigos, experiencias de primera generación universitaria, vivencias de estudiantes privados de libertad, formas de invisibilización y también vínculos afectivos que se construyen en los espacios universitarios. En ese sentido, “Llego y te cuento” apareció como un dispositivo de acompañamiento, pero también como una forma de producir conocimiento sobre los inicios desde la voz de quienes los transitan.

Diego Amarilla abordó la heterogeneidad estructural del cuerpo docente de la Udelar y sus implicancias para pensar políticas de enseñanza en los inicios de la formación. A partir de información censal, mostró que los servicios presentan perfiles docentes muy diferentes según dedicación horaria, régimen de dedicación total, inserción laboral externa, formación de posgrado y vinculación institucional. Su intervención permitió complejizar la idea de “los docentes” como un sujeto homogéneo y advirtió que las políticas transversales deben considerar las condiciones reales en que se ejerce la docencia en cada servicio.

Virginia Fachinetti, por su parte, propuso pensar la docencia en los inicios desde la idea de «hospitalidad institucional«. Su intervención retomó la importancia de reconocer que también las y los docentes son sujetos educativos, atravesados por condiciones de trabajo, trayectorias, vínculos institucionales y necesidades de acompañamiento. Desde esa perspectiva, planteó que fortalecer los inicios de la formación implica cuidar también a quienes enseñan en ese tramo, generar espacios de formación y construir condiciones para que la docencia no se ejerza en soledad.

En el cierre, Mercedes Collazo y Pablo Martinis retomaron algunos de los principales elementos surgidos durante la jornada. Las intervenciones finales destacaron la necesidad de asumir que la Universidad cuenta con diagnósticos, experiencias y dispositivos diversos para enfrentar los problemas de los inicios, pero que los resultados no siempre son los esperados. Esa constatación, lejos de clausurar la discusión, fue planteada como punto de partida para profundizar el trabajo institucional y orientar nuevas políticas.

Martinis anunció que el Prorrectorado de Enseñanza propondrá a la Comisión Sectorial de Enseñanza y Educación Permanente avanzar en una nueva línea de proyectos concursables orientada a los inicios de la formación. Según expresó, la intención es “tener para el 2027, o sea, generado en este año 2026, una línea de proyectos concursables por servicio, un proyecto por servicio vinculado al trabajo en los inicios de la formación”. La propuesta buscará abordar cuestiones vinculadas a la articulación con la enseñanza media superior, los trayectos conjuntos, la revisión curricular y la innovación en este tramo formativo estratégico.

La jornada dejó planteada una agenda de trabajo que articula diagnósticos, experiencias y desafíos institucionales: fortalecer los dispositivos de ingreso, permanencia y egreso; revisar las condiciones de enseñanza; reconocer la diversidad de trayectorias estudiantiles y docentes; y construir políticas universitarias capaces de acompañar la democratización de la educación superior desde una perspectiva integral. En ese sentido, el ciclo no solo permitió intercambiar experiencias, sino también reafirmar que pensar los inicios de la formación es pensar el modelo de Universidad pública, democrática e inclusiva que se busca construir.-

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